Rebelarnos contra el genocidio, poner las vidas en el centro

En Rebelión o Extinción creemos en la no violencia: en oponerse a la violencia en nombre de la justicia. Nos horrorizan las atrocidades cometidas el 7 de octubre y la rápida escalada de violencia y crisis humanitaria infligida a la población de Gaza.

No estamos dispuestas a permanecer en silencio ante el fracaso total de nuestra clase política a la hora de mostrar humanidad ante una destrucción y una matanza inimaginables.

El futuro por el que luchamos es un futuro libre de sistemas violentos de opresión que consideran ciertas vidas como prescindibles o menos dignas de protección.

Si creemos en la justicia climática y ecológica, debemos buscar la justicia en todas sus formas. La emergencia climática y ecológica tiene sus raíces en siglos de violencia, explotación y opresión coloniales, de los que España tiene una parte de responsabilidad. Además Europa ha desempeñado históricamente un papel decisivo en la despiadada supresión de los derechos humanos del pueblo palestino y sigue ofreciendo un apoyo inquebrantable a la embestida militar que estamos presenciando ahora. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, afirmó que esta situación no se ha dado “en un vacío”, sino que vienede décadas de ocupación, robo de tierras y restricciones de sus derechos fundamentales.Como declaró el movimiento BDS el pasado año, empresas israelíes como Mekorot y Netafim se hacen con los recursos de la población palestina y los dirigen a asentamientos coloniales ilegales, además de «hacer un enmascaramiento verde de sus crímenes presentándose como empresas que proporcionan “soluciones” sostenibles en todo el mundo».

Nos rebelamos contra el gobierno de España y los de la Unión Europea por su incapacidad para proteger la vida.

El castigo colectivo que se está imponiendo a civiles inocentes en Gaza es un crimen de guerra que el Gobierno de España sigue permitiendo al negarse a pedir un alto el fuego, la única vía hacia la seguridad y la paz tanto para palestinos como para israelíes.

Nuestros líderes políticos siguen mostrando un total desprecio por la preservación de la vida humana, y están demasiado dispuestos a aceptar la enorme destrucción y las pérdidas como un efecto secundario inevitable de las políticas que respaldan en nombre del poder y el beneficio.

Nos unimos a los llamamientos urgentes a nuestros gobiernos para que exijan un alto el fuego inmediato y faciliten una resolución pacífica que preserve la vida de los civiles y garantice el retorno seguro de los rehenes.

Mientras resistimos, hacemos un llamamiento a la no violencia y a la unidad en nuestras comunidades, y al apoyo a nuestros hermanos y hermanas judíos y musulmanes del estado Español que se enfrentan a la creciente amenaza de ataques antisemitas e islamófobos. Nos hacemos eco y llamamos a participar de las tácticas no violentas de no cooperación, boicot, desinversiones y sanciones hacia Israel, que siguen el ejemplo de luchas emblemáticas como el fin del apartheid en Sudáfrica. Porque se ha mostrado efectivo en el pasado, porque la posición de las instituciones contra el apartheidsirvieron para poner fin a la segregación racial, y porque nos unimos en solidaridad frente al genocidio.

Condenamos la continua represión de las activistasademás de la peligrosa difamación de las personas que se movilizan para exigir la paz y la justicia climática. La peligrosa retórica impulsada por quienes se aprovechan de la crisis para promover ideologías extremistas -incluidos nuestros líderes políticos- sirve para avivar más la división y la persecución en nuestras comunidades.

No podemos empezar a garantizar un futuro justo sin poner fin a los sistemas de violencia y opresión en todo el mundo, y sin la liberación de todos los pueblos indígenas. Debemos extender nuestra compasión y humanidad a todas las vidas que sufren en condiciones de guerra, ocupación o desplazamiento forzoso: en Sudán, la República Democrática del Congo, Yemen, Myanmar, Ucrania, Palestina y muchos otros lugares del mundo.

Sólo una paz justa puede garantizar un futuro habitable.

¡ALTO EL FUEGO YA!

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